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sábado, 31 de agosto de 2013

¿ Compartimos ?

   En el bar de mi barrio se comparten las sillas y mesas. Sí, estamos muy bien avenidos y como buenos vecinos, no hermanos, nos sentamos en cualquiera de las mesas que halla una silla no ocupada. Eso, sí, compartimos sólo eso porque los pensamientos e incluso conversaciones es de cada uno de los grupos y no transferible. Unos mirando para Cuenca, otros esperando salga el sol por Antequera. Aunque he de reconocer que en ocasiones se intercambian alguna que otra palabra. Así es curioso ver como sentándote tu sola, acabas acompañada de varios o a la inversa, de todo se aprende y cómo dice el refrán 'de lo que vieres, hicieres'. 
   Al principio. me sorprendí de estas situaciones, ahora acostumbrada, incluso, me agrada. Hay cierta sensación de estar siempre acompañada, de pertenecer a una gran comunidad. En ella hay personajes principales y repetitivos, los camareros, el lotero y la mujer y amigos de este, el viejo abuelo, los pintores, las mujeres después de la compra en el viejo mercado de al lado.... Un sinfín de caras y rostros ya conocidos, a cada cual más peculiar y con su particularidad única.
   Como digo es un hecho al que me he habituado, no es normal en la ciudad de mi familia, un pueblo. Sin embargo, en la capital dónde vivo, al menos, en este barrio ocurre con naturalidad. Sorprendente y cierto, demuestra que el ser humano es fundamentalmente social y sociable. Nos apareamos y agrupamos por criterios de proximidad ya sea material, intelectual, afectiva u otros. Se trata de una necesidad indeleble a la esencia del individuo y, por extensión, al colectivo humano. Es agradable sentirse conectado con los otros y sin dejar de ser honesta, a veces, incordia. 
    La convivencia resulta apacible y posible. Armoniosa, a pesar de las múltiples diferencias. De ahí, me surge la cuestión, ¿qué nos hace romperla luego cuando se traslada a la gran sociedad?, ¿qué complicaciones nuevas emergen en la globalidad?. Sinceramente, prefiero mi barrio, me gusta la sencillez y con respeto compartir lo que es de todos, vivir en un espacio y tiempo tristemente reducidos, gratamente unidos.

lunes, 26 de agosto de 2013

El paraíso de Coín


   Una hamaca y dos farolillos sobre el césped de una piscina rodeada de plantas y árboles, magnolias, jazmines, claveles, naranjos y limoneros entre otros. Es tierra fértil de huertas. ¡Huele a tierra mojada y a vida!.
    La flor de San Esteban en la entrada, cerrada por el día y abierta por la noche, da la bienvenida al que llega al porche principal. ¡Cuántas experiencias vividas en él!. Con sus dos niveles, uno para el desayuno, la cerveza de media mañana o tarde, el te o café de la merienda, la copa después de una copiosa cena o un exquisito tentempié según la jornada depare, el otro con la barbacoa y en el centro una gran mesa sombreados por el techado de caña y parra para las comidas de las grandes ocasiones con los amigos. Y al fondo, la casa de una sola planta.
   Aquí me encuentro y aquí en uno de mis pueblos van transcurriendo mis penúltimos días de vacaciones. Pasaron ya las idas y venidas a la playa, a lugares para visitar, enseñar y disfrutar con mis amigos de otros lares. Ahora toca la intimidad y goce sosegado con los más cercanos a dónde vivo. He huido de las ferias circundantes y me he refugiado en este pequeño paraíso.. Verdor, frescura, oxígeno con el aderezo de grandes compañías, de gratificantes y ricas tertulias o, tan sólo, el bello y ensordecedor silencio del campo.
   Soy una privilegiada y me regocijo por ello. Gracias amigos por vuestra hospitalidad y cariño, gracias por existir y ofrecerme cobijo, gracias por ser como sois y estar en mi camino, gracias por abrirme vuestra casa Jose, Miki, Irene y Ana.

  ¡ Es el paraíso de Coín !

martes, 13 de agosto de 2013

¿ Quienes son ellos ?

   ¿ Las personas y ser que más quiero de esta vida conocida ? 
   Palabras nimias y vacías, no expresan ni una mínima parte de lo que siento, los amo y aún ésta se queda corta. No existe la que plasma mi sentimiento profundo, ese que emana de lo más íntimo y que ellos lo significan y dignifican. 
   Este vídeo, no obstante, se centra en el valor de la criatura que, por no ser humana, no es menos generosa y amorosa. Aquel que a pesar de los pesares, de mis manías y defectos, muchos sin duda, siempre estará a mi lado. Y con su rabo, corto de nacimiento, que no cortado, baila al aire su alegría cuando lo miro y le hablo. ¡ Qué hermoso es, porque es sencillo !, ¡ qué bello, porque es honesto !. Lo da todo, nada pide a cambio. Vive y deja vivir, únicamente solícita un poco de atención y de cariño otro tanto. 
   Es mi compañero y el de ellos, el que aunque se le patee o pegue, el eterno no lo quiera, siempre vuelve, su naricilla de frente, su rabo, contento, lo va moviendo. Es Ron, mi perro..., o no sólo eso.

martes, 23 de julio de 2013

Paseo con Ron.

   Me siento nostálgica.  
Llevo desde mediados de mayo en mi pueblo, mi segunda vivienda, casa de mis padres en Antequera. Las causas son de salud, estoy bien, no son graves. Sí lo suficientemente engorrosas como para estar de baja. Osea, de esta no me muero, tendréis que aguantarme un poco más y continuaré dando guerra. 
   Mi día a día, exceptuando 3 semanas alternas que no me moví de casa, descansar, leer, ver televisión y, entre rato y rato, pasear con mi perro, Ron. Disfruto, cómo no puede ser de otra manera, de una vida en familia de mayor duración que hace no había gozado. 
   La cuestión o cuestiones son prioritariamente dos. Una, transcurridos ya dos meses, vuelven a renacer situaciones familiares olvidadas o empolvadas; segunda, los paseos y encuentros me retrotraen a un pasado que, en ocasiones, me cuesta reconocer como propio. Es sorprendente, intento bucear en mi memoria y, claro, recuerda, evoca sentimientos y emociones vividas. Sin embargo, me veo a través de un espejo similar al de un televisor. Cómo si se tratara de un personaje que fue, que fui y, de alguna forma, marchó. Es una película mía contada desde fuera y ahora la observo, un tanto, fría, un mucho, confusa. - ¿¡Soy yo, eres tu!?, sí. ¿¡Qué queda de aquella niña, aquella adolescente...!?-, se inicia el centrifugado en mi mente sin llegar a controlar por cuántos minutos.  
   Absorta en mis pensamientos, unos ladridos y una juguetona carrera de Ron me saca de ellos. Voy con él, en una de las caminatas por los jardines y el Paseo de la ciudad. Estamos a la entrada de la Negrita. Parque infantil con césped y arboleda muy cuidados, descanso de jóvenes y mayores. En el centro, casi al principio, la Negrita, una fuente circular con su estatua, una mujer con su toga y cántaros a la cintura da la bienvenida. Encargada desde que tengo uso de razón (seguro desde antes) de que nunca falte el agua. Ella es el símbolo, la prueba que explica el paso de los años, inmutable, siempre en su fuente. A pesar, de que cambiara de ser la aguadora de la discoteca y el bar de verano a la actual de jardines y parque de juegos para niños. La Negrita sigue ahí, vigilante, con el color que le da su nombre. Es la única que no varió nada, ni fuente, ni función, ni atuendo, ni sitio, ni posición, todo el derredor mutó, ella no. ¿¡ Y yo!?..., Ron me ladra, dejo de pensar y le lanzo la pelota. 
   Definitivamente, estoy nostálgica.

sábado, 15 de junio de 2013

Los Enamorados y su Peña.

Sentada frente a una estatua de dos enamorados abrazados y en posición de salto al vacío, mis pensamientos danzan alrededor de la nada.  Son los enamorados de la famosa peña a la que dan su nombre, él  cristiano, ella árabe. Hermosa historia de la que no sabemos qué de leyenda, qué de realidad. Ante la imposibilidad de su amor se lanzan y despeñan para vivirlo o no al infinito de lo desconocido. La cuentan los ancianos de mi ciudad y perdura en el tiempo viva, más que nunca, con su símbolo natural, esa peña desde la que al viento elevaron su último aliento, desde antaño Peña de los Enamorados o el Indio por su forma de cabeza reclinada al cobijo de la vega antequerana. Ahora tienen su propia escultura en la localidad con el marco incomparable al fondo de la plaza de toros, no sin antes mediar el arco de entrada de la puerta de Granada. Y mis pensamientos continuan bailando y mi pluma se para para saborear el momento.

miércoles, 29 de mayo de 2013

¿Dónde los enfermos?

   No soy mucho de ir al médico, más bien le huyo y hasta voy menos de lo que debiera según los criterios de prevención. Sin embargo, por motivos de salud dental no he tenido otra opción, llevo dos semanas visitando al odontólogo y  a los servicios sanitarios. Mi centro salud está ubicado muy cerca de mi domicilio, a escasos ocho minutos andando. Curiosamente se llama centro salud 'Jesús el Cautivo', porque así me siento 'cautiva', con una boca maltrecha y de un lado para otro, entre consultas con el dentista y medico de cabecera a los que se ha añadido hace unos días la Mutua. No es agradable como imagináis, tampoco, no doloroso. No obstante, lo peor es el meneo entre INSS y Mutua, cosa que no esperaba. 
   Veréis me era previsible, el dolor y las molestias de una intervención bucodental total, lo que desconocía era la matraca de idas y venidas continuas con las consiguientes explicaciones a INSS y a Mutua. Claro, nunca había estado de baja tanto tiempo. Es una verdadera tortura como si no tuviera bastante con el malestar propio de la situación del problema de salud, menos mal que la enfermedad no me afecta a la movilidad y que la empresa colabora con una actitud positiva.   
   Otro asunto que me ha llamado la atención, es la poca gente que hay en el ambulatorio. Antes he mencionado que ni soy asidua a los médicos ni a los centros sanitarios, pero, en alguna ocasión, por razones menores he estado. Siempre, las sillas ocupadas al completo y lleno de personas con el consiguiente murmullo y alboroto para la consulta. Pues aquello se acabó. En las tres veces que he acudido en estos días cuando mucho eramos tres o cuatro. Es más, hoy, no había nadie, ni en la consulta de mi médico ni en el resto de la planta. Interesante preguntarse, acaso, ¿estamos menos enfermos?, de no ser, ¿dónde se encuentran?, tal vez, ¿coincidencia?. 
   Desconozco si es o no normal, lo que si es cierto, es mi desconcierto por una y otra situación.

martes, 21 de mayo de 2013

Persecución policial en Málaga.

      Muchas películas he visionado cuyas persecuciones y tiroteos espectaculares son habituales, el aderezo más común a su contenido de acción. En la butaca correspondiente he asistido a grandes escenas con coches y motos lanzados a una velocidad vertiginosas. Situaciones inverosímiles de las que salen indemnes éstos e ilesos ellos, sus conductores, siempre y cuando se trate del protagonista bueno, o bien, del malo que ha de vivir para dar sentido a la película hasta el fin. Además, si los efectos especiales son óptimos, suelen ser lo más valorado e impactante de la cinta. Sin duda, apasionante. 
      Lo que puedo asegurar es que si esto, en lugar de sentada con refresco y palomitas tras una gran pantalla de cine, se hace realidad, lo apasionante se convierte en apabullante horror, en un terror que bloquea. Veréis lo que nos ocurrió a mi compañera y a mi un día camino de casa después de la jornada laboral. 
      Una vía central de un sólo sentido y muchas perpendiculares, una sí, otra no, de distintos sentidos, hora punta de salida de los trabajos, siete de la tarde, tráfico abundante y denso; de pronto, sirenas insistentes, coches y motocicletas de policía de un lado y de otro...caos total. Los que conducen se paran, unos se apartan, otros no reaccionan, quedan en mitad de la calzada; los viandantes, igual, el que se paraliza en pleno paso de cebra, el de la bicicleta que rápido cruza y se sube a la acera atropellando al del semáforo. 
      Aterrada mi compañera de viaje en punto muerto, cogido volante y sin marchar ni para atrás ni para adelante. Se oyen unos tiros y fuertes gritos. Lanzo una voz , -¡muévete!, ¡vámonos!-, sin despegar la mirada del frente, Lola, con ahogo me responde, -¿¡ para dónde?!, ¡no quepo por ningún lado!, salen por cualquier sitio...¡¿qué hago?!...-. No hay respuesta inmediata porque resuenan otra vez a pocos metros tiros, varios coches por la perpendicular y motos en paralelo de dónde nos encontramos, persecución policial en toda regla. Desorden, gente tirada en el suelo, automóviles cruzados, ataques de histeria, derrapa y cae un policía, la furgoneta que persiguen continua y disparan para darle el alto, se van por otra calle opuesta a la nuestra. -¡Ahora, Lola, sal, tira , hay que llegar al final de esta calle!-, -¡¿tu crees y si aparecen por algún lateral?!-, -¡tira, Lola!. 
      No sé cuál fue el tono, no fue controlado, seguro patético como la propia situación, una pesadilla atroz por lo real. Nos fuimos, salimos del lugar y a unos cuántos kilómetros paramos para respirar con el miedo en el cuerpo como compañero, nos miramos y reímos, risas convulsas y desquiciantes igual que la experiencia vivida. Luego supimos por los periódicos que dos personas en una furgoneta se dieron a la fuga de un control selectivo de identificación de vehículos, no se saben todavía las causas, como consecuencia del hecho varios heridos entre policías, peatones y uno de los dos fugados. 
      Prometo por un tiempo no ver películas que me recuerden el suceso, o, ¡¿sí!, el masoquismo humano.

martes, 14 de mayo de 2013

El pabellón del Civil.

   ¿Os mencioné que vivo cerca de tres de los centros del Hospital Regional Universitario de Málaga? 
   Hago esta pregunta porque es relevante para entender algunos de los personajes que pudiera citar o describir en ciertos post. Especialmente debido al más cercano, a cinco minutos andando los pabellones del Hospital Civil, a poca distancia el Materno Infantil y, relativamente, más alejado el central y conocido Carlos Haya. Es un buen triángulo en cuyo epicentro se encuentra mi domicilio. De esta ubicación, he de agradecer los servicios de urgencias tan a mano, por suerte no necesitados hasta ahora; no obstante, lo que más celebro  es el invento del acristalamiento climalit plus, sin él sería insoportable el ruido de sirenas. No sólo por las ambulancias, a medio kilómetro uno de los parques de bomberos de la ciudad y, antes de llegar a él, completando mi periferia, la Comandancia General de la Benemérita. Un buen trajín en más de un día. 
   Retomo para no perder el hilo y vuelvo al principio. El recinto sanitario del Civil es el dedicado entre otros departamentos a la Investigación básica de Neurología. Tiene internos y un pabellón de psiquiatría. He observado que a los enfermos les deben asignar sus horas de recreo. En esos momentos de asueto, habitual es verlos pasear por las aceras y plaza de mi barrio con curiosos gestos y peculiares comportamientos. Fácil encontrarte en una terraza y que se te acerquen, unos a pedir tabaco, otros a que los invites a algo, o sencillamente, miran y se van. En el transcurso de un rato, pueden pasar calle arriba, calle abajo varias veces y siempre a ritmo lento, pausado y constante, las mismas paradas en los mismos sitios. En general, de mirada perdida, en particular, hablando en su propio mundo con un acompañante mudo e invisible. Puede parecer inquietante, en un primer instante en mi desconocimiento me ocurrió, luego te acostumbras y te son conocidos. Hasta, según que día, hechas en falta al del tic nervioso en la cabeza, ¿estará bien?, ¿le habrán dado el alta?. 
   No creáis que es a todas horas, una hora a media mañana. Son inocentes y tranquilos, actúan y viven aparentemente no en igual dimensión que la nuestra. Cada vez que coincido con sus salidas y los veo, me pregunto donde estarán, qué pensarán de ellos, de nosotros, de lo que nos rodea. Me recuerdan lo impresionante y desconocida que es la mente humana, me conciencian de que ninguna enfermedad, ninguna, pero, cómo me aterra cualquiera mental. O, acaso, ¿no debería?. Quizá tenga algo, mucho que aprender de ellos.

domingo, 12 de mayo de 2013

¡Pues sí, Castro mola!

                  Me gusta el país dónde vivo y nací. 
      En octubre del 2002, el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación diseñó todo un plan estratégico acompañado con campañas publicitarias para la Marca España, pilotado por el Gobierno de la Nación. No me parece mal idea si se quiere mejorar o, al menos, controlar la imagen del país. Máxime en los tiempos que corren en los que medios audiovisuales y digitales acaparan la mayor parte de cualquier proyección internacional, son herramientas poderosas y eficaces. 
      Ahora bien, sólo se trata de herramientas, la imagen existe y lo que hay que comunicar es todo lo positivo que tenemos. Y es mucho. No es que desde que este proyecto naciera la Marca España haya logrado su fin, presiento que hasta ha empeorado de cara al exterior, ni opinar del interior en según que cuestiones. Triste pero cierto. Porque, me reitero, creo que tenemos cosas buenas y muchas. Que, ¿también malas?, por supuesto, como tantos otros países y sólo venden lo mejor de ellos, sobre todo, de puertas para afuera. Son especialistas o, simplemente, más astutos que nosotros. 
      No voy a enumerar aquí qué y cuales, no es el caso. Tampoco seguro el encabezamiento y desarrollo primero del post, quería únicamente mostrarles un hermoso vídeo de un pueblo de una de las tantas zonas bellas de nuestra península. Años ya que no voy, tras unos veinte que la visitaba una vez mínimo cada verano. El vídeo lo pude disfrutar gracias a su autor, Juan Cruce y a una amiga malagueña, enamorada de la villa, que lo colgó en su facebook. Lo relaciono con la Marca España porque somos de un país que, seguro, a poco agudicemos nuestros sentidos y pongamos atención a lo sencillo que nos rodea, encontraríamos lo más rico y esencial del mismo, eso que nunca valoramos y que siempre estará la tierra, las costumbres, el sabor, los valores, la cultura. No son empresas o labores de otros ámbitos económicos, deportivos o sociales, es la raíz de nuestro ser. 
      Es la imagen de un pueblo, un atardecer, un anochecer y un amanecer con una luz muy distinta al mío, una costa acantilada y rocosa de mar brava, tan diferente a la calma mediterránea, unos hombres marineros y sus barcas, los amarres, las redes y las anclas, esos lugareños disfrutando, saltos y entradas a las entrañas de la mar, esa callejuelas empedradas y desconchadas fachadas por el tiempo. Castro y su gente, su iglesia y castillo al cobijo del abrazo eterno entre la mar y el monte. 
      Sí, me gusta el país dónde nací y vivo, todo él y esa es la imagen que quiero dar. Es hermoso, es grande palmo a palmo por toda su geografía. Vean un rinconcito de ella ofrecido por Juan Cruce.

martes, 7 de mayo de 2013

La alberca


 Cielos grises, cielos blancos, de amarillenta arena campos abiertos, vuelo de libélulas y coloridas mariposas. Mantos verdes de rojas amapolas cubiertos, fresnos y ramilletes de tomillo.Olores a tierra mojada, árboles altivos y cayados enjutos. Caminos de matorrales y arbustos, un anciano encorvado, el zurrón a sus espaldas, el tintineo del agua en la fuente de la plaza, niños alegres y mi perro, mi perro su cola mueve contento, sonrío, un suspiro al viento. Manos agrietadas en cuerpos morenos y camisas sudadas, arrugas de la vida, surcos de sonrisas, un pañuelo atado a la cabeza. Mi paseo a la alberca.

sábado, 27 de abril de 2013

Fusión de empresas.

Fin de semana.
   Por razones, no al caso, me voy a Antequera. Un viernes cualquiera, digamos el pasado. Ya en la estación de autobuses, me dirijo a la ventanilla para sacar el billete y una señora muy amable me indica la máquina. Ahí que me veo mirando una pantalla y siguiendo sus indicaciones. La huella de mi dedo índice se torna un tanto juguetona y no marca. No creáis, estas máquinas expendedoras son muy sensibles. Después de unos minutos de no conexión digital, controlo, suave, necesitaba suavidad, apenas apoyarlo y responde. Una sonrisa brota en mis labios, pillina era eso, no te gusta que te aprieten. Me giro con mi billete, asiento treinta y cuatro, contenta, no muestra precisamente esa emoción la cara del que detrás de mi espera. Bueno, me digo, tampoco he tardado tanto. 
   Una vez en el andén, la cola para subir. El conductor vende plazas a algunos y, sorpresa, quedamos siete. No cabemos, coche lleno. El pobre hombre nos cuenta y pide a los últimos que vendió que bajen. Se suceden las consabidas protestas, los ya sentados se niegan, nosotros que cómo no vamos a entrar si compramos nuestro correspondiente billete y numerado. Lío tremendo y yo, estupefacta, sin poder creerme la situación. Pregunto a la señora de al lado si esto ocurre habitualmente, la respuesta es afirmativa y además que los viernes peor. Señores, el conductor y la ventanilla no coordinados, no hay información entre ellos. Es decir, super modernos, con máquinas y también personas automatizadas o, mejor, mecánicas. Porque, ¿¡tan difícil es ir de ventanilla a andén o viceversa y que se comuniquen!?.  
   Increíble y cierto, os cuento. La empresa de autobuses local de Antequera ha sido adquirida por otra mayor hace un año con más escalas, a nivel regional, incluso, con trayectos nacionales. Pues aún no se aclaran entre ellos. ¿Quién lo sufre?, el viajero. ¿Bajo el precio?, no, más caro. ¿Mejoró el servicio?, ejemplo a la vista. ¿Los horarios?, los redujeron, menos frecuencia. ¿A quién beneficia?, lo dejo a su libre albedrío. Eso sí, tenemos máquinas para aligerar la espera, ¿de qué y para qué?, opinen ustedes.

viernes, 19 de abril de 2013

Desayunos y meriendas.


   Vuelta a casa del trabajo. Son las siete de la tarde y en mi ciudad aún queda más de una hora de luz del sol, lo mejor del reciente cambio de hora. El paseo, de unos cincuenta metros a pie desde donde me han dejado hasta llegar a mi hogar, es muy agradable. Buena temperatura, bullicio de idas y venidas por las calles, gente en las tiendas, niños corriendo y asustando a la mascota de turno que tranquilamente camina con su dueño, se respira buen ambiente. Al llegar a la esquina de mi plaza, mesas llenas con los tazones y vasos de leche, es la merienda. Atrae a mis ojos ese oscuro y espeso chocolate con la bandeja de churros al lado. No puedo resistirme, me paro y tomo asiento. Pido mi ración y tazón. Pronto me lo traen, calentito, el humo lo delata y ese olor tan característico penetra mis sentidos, rico, muy rico. ¿¡ Gustáis!?, uno de los mejores y más deliciosos momentos de las mañanas y tardes de mi barrio, el típico y sabroso chocolate con churros, ¡buen provecho!.

jueves, 18 de abril de 2013

Crónica de un pantojazo anunciado.

    No soy yo quién, ha sido la justicia. Dientes apretados, lloros, pena....ay, la viuda de España caída. Sin comentarios, no soy yo quién, ha sido la justicia. Sentenció, ¿¡poco o mucho!?, dictaminó. Creo por lo que veo tu también y de ti, Isabel,  no te escapas.



jueves, 7 de marzo de 2013

Viaje en Ave

   
   5.35h,                                                            
              suena....
                           suena, suena...
                                                  suena.....

Una canción de cuna en mi cabeza, tintíneos de acordes discordantes se quiebran en mi oreja. Arriba y abajo, abajo y arriba, duermo. Me muevo, remolonea mi cuerpo en la cama. Continúan las notas su martilleo, abro los ojos y despierto. Son las seis menos cuarto, hay que levantarse, hoy, viaje.

Llueve, ¿llorará mi madrugar?. 

En la cafetería, ese olor a churros y chocolate calientes muy de mañana, bebo mi café y me monto en el taxi. Son las siete menos cinco. 
   
   - Hola, a la estación, por favor.
   - Buenos días, enseguida.

Farolas encendidas, mudando el perfil de un edificio tras otro, llegamos al destino. 

   - Ya estamos, señora.
   - ¿cuánto es?
   - son seis con veinticinco, ¿desea ticket?
   - sí, gracias.

Controles, bolso y abrigo fuera. Coche siete, lo busco y subo al tren. Bien, poca gente, podré dormir al menos dos horas. A mi lado, un señor de cuarenta a cincuenta años, robusto; delante y detrás, los asientos ocupados; a la izquierda, otro hombre mayor con su portátil encendido y muy atareado. En total, somos unos catorce. Me satisface, me gratifica el sonido de la música ambiente, bajito y acompasado. Sonrío, definitivamente podré dormir; cierro los ojos, comienza el traqueteo del movimiento del tren.

   - Buenas, ¿auriculares?
   - No, gracias.

Intento de nuevo disponerme a descansar. Mi acompañante suspira, pienso, éste está igual que yo. Vuelve a suspirar y resopla, le miro, blackberry en mano, lee algo. Pues no, no está igual que yo, algún asunto le exaspera. Decido relajarme y entregarme al sueño. Mi asiento vibra, se mueve, se ha reclinado, más bien se ha tirado con fuerza hacia atrás, diría yo. Resopla otra vez, está enfadado. le suena el teléfono, no puede ser verdad, me inclino completamente hacia el otro lado. La conversación va por derroteros no agradables y el tono sube. Ahora, suspiro yo, respiro hondo, relájate, ya sabes que no vas a poder dormir más. El asiento tiembla, otro movimiento brusco, madre mía, cómo vaya donde esté con el que habla. 
Decido, entonces, distraerme, observo al señor del portátil, hoja excel, calculadora..., de pronto, guarda el pc, saca un bolígrafo y un cuaderno. Se dibuja una sonrisa en mi rostro, nueva y antigua tecnología, eso es. Acaba la discusión telefónica mi compañero de asiento, se levanta y me pide disculpas para pasar. Alzo la mirada al monitor del centro, ya cercanos a Pinto, adiós a mi posible sueño. Son pequeñas pinceladas de cómo aconteció el trayecto.

En la estación de Madrid, mi compañera, me recibe con una amplia sonrisa y brazos abiertos.

   - Hola, ¿qué tal el viaje?
   - Hola, no me hables de él, para no recordar. Vamos, ¿que tal tú?...

Me dejo envolver en su cálido abrazo, me olvido del tren y se renueva el día.


domingo, 24 de febrero de 2013

El agua

En Málaga, siete y diez de la mañana de cualquier día entre semana, suena la alarma del despertador. Procuro levantarme con la rapidez que me permite el cuerpo a esas horas, no mucha, para ser sincera; abro el grifo y ni una gota.

Ufff, empezamos bien muy temprano!; sacudo mis pensamientos, hay que ser positivos, a la cocina a preparar el café..., no puedo, no hay agua. Giro en mí noventa grados y ante mi vista, la solución, la garrafa de agua mineral de cinco litros!!. ¿¡Me llegará para todo!? hum...; bueno, siguiente recurso, toallitas húmedas. Las busco en el aseo y las encuentro, allí están, sonrío. Todo si se quiere, tiene arreglo.

Siete de la tarde, después de la típica jornada de trabajo más o menos agotadora o satisfactoria, llego a casa y, en la puerta del edificio, los operarios del ayuntamiento. Pregunto por lo ocurrido, avería en la cañería de entrada del agua al bloque.Tienen trabajo para un día, mañana terminan y, por fin, agua en nuestras casas. Me doy media vuelta, a comprar mínimo otra garrafa.

¡Qué día sin agua!, teniendo en cuenta que estoy fuera de mi hogar entre nueve a diez horas diarias, me considero una de las vecinas más afortunadas. No quiero ni pensar en una de las amas de casa: platos, lavadoras por poner, habitaciones que fregar, niños que asear...., me estoy agobiando!. Y vuelvo a sonreír, estoy mejor de lo que creo.

El agua, ¿un bien público, privado o íntimo?. 

No en vano nuestro cuerpo contiene casi tres cuartas partes de este valioso líquido. ¡Cuánta necesidad de ella!, sólo cuándo falta somos plenamente conscientes. ¡A cuidarla que, hoy, ya tengo agua en casa!